Le pasó a un amigo: La prima II

En el fondo Andrés no sabía si Catherine le iba a copiar, pero iba decidido a todo. No tenía nada qué perder y ya no le importaba lo que pensara Adriana, finalmente ella ya se había ido con su amor tormentoso, el profesor ese del que estuvo tragada “toda la vida”. Cuando él los vio besándose, en lugar de tristeza, sintió un fresquito porque ya podía perderse con la prima sin sentir culpa (aunque todos sabemos que nunca debió sentir culpa por Adriana; ella nunca le dio ni la hora).


En nuestro capítulo anterior de “Le pasó a un amigo”: Andrés no logra olvidar a Adriana. Desplante tras desplante, él solo quiere tener algo con ella. Cuando ella lo invita como “novio de mentiras” a una fiesta familiar, Andrés siente que esa es su oportunidad. En la fiesta conoce a Catherine, prima de Adriana, quien se ha pasado la noche coqueteándole a Andrés mientras él se derrite por dentro. Y aunque trata de mantener distancia, cuando ve a Adriana besando a otro hombre, Andrés se decide a perderse con Catherine (la primera parte completa la encuentras acá).


– Hola Cathe, ¿me acompañas?

– Uy, Andresito. Pensé que ya no ibas a venir. Vamos a donde quieras (le respondió con sonrisa pícara).

Durante sesenta y dos milésimas de segundo Andrés quedó inmóvil. Su “yo” mental estaba boquiabierto y babeando, porque no esperaba esa respuesta de ella. En el imaginario de Andrés las mujeres así de atractivas no aceptan una invitación tan directa, pero va uno a ver y sí. Supongo que tiene que ver con la seguridad con que él lo dijo (y el haber perdido el miedo al rechazo, en el fondo a él no le importaba si ella decía que no). En la boca de Andrés se dibujó una sonrisa disimulada, de esas que dicen “me encanta tu actitud”, y en la de ella se mostró otra sonrisa, de esas que dicen “yo sé”.

La tomó de la mano y la sacó del salón. Andrés sentía el corazón a mil, y sabía que ella también, por la forma en que ambos se reían nerviosos mientras salían de ahí y por la manera en que ella le apretaba la mano cuando veían a algún tío que los podría descubrir. Andrés fue directo a esas escaleras que vio unos minutos atrás, cuando se cruzó a Adriana y a su nuevo novio (al profesorzucho ese, en palabras de Andrés) besándose descaradamente. Junto a la puerta del baño había unas escaleras que daban a un segundo piso oscuro, perfecto para llevar a Cathe a conocer.

Marmotazos-escalerasAmbos subieron corriendo, lo que les aceleró aún más el pulso (y la adrenalina). Arriba Andrés notó que estaba muy oscuro; no veía nada, quizás por el efecto de venir de un pasillo muy iluminado en el piso de abajo. Estaba como en obra, porque sentía ese olor húmedo y frío, característico de las construcciones en a medio terminar. Se quedaron quietos un instante, Cathe trataba de controlar una risa nerviosa, hasta que se empezaron a acostumbrar a la oscuridad y pudieron ver lo que se imaginaban: era un espacio grande, sin paredes, algunas columnas… y ningún mueble. No había nada.

Por supuesto Andrés escogió una esquina distante y escondida que vio en un recorrido rápido con la mirada y llevó allá a Cathe. Había a cierta distancia un hueco de lo que seguramente se convertiría en una ventana, por la que entraba un poco de luz amarilla de los postes eléctricos, y un poco de luz de luna, que le daban a la situación un ambiente casi perfecto. De esos que solo pasan en las películas y en los blogs que yo escribo. Andrés se sentía en alguna escena de 50 sombras de Grey, pero sin los látigos, las esposas ni los juguetes variados.

Obviamente él se puso en situación y con una pericia digna de los grandes maestros de la seducción, la empujó suavemente con una mano contra la pared, con la otra mano la tomó de la nuca, jalándole un poco el pelo, le giró la cara y la besó muy apasionadamente. Ella dejó soltar un pequeño gemido, imperceptible para cualquier persona que estuviera a más de 50 centímetros de distancia. Eso a Andrés lo enloqueció y la abrazó por la cintura, apretando su cuerpo contra el de ella, y el de ella contra la pared. Cuando Catherine le dio el primer mordisco diminuto, lleno de picardía, Andrés sintió morir. Le sonaba tan duro el corazón que sentía que si alguien subía los iba a descubrir.

Por supuesto Andrés tenía que volver a sentir esa tanguita, así que empezó a bajar la mano, recorriendo el torso de Cathe con las yemas de los dedos, disfrutando cada movimiento de ella, que se apretaba cada vez más contra él. Pasó lentamente por su cintura delgadita, la curva donde comienza su cadera y, por supuesto, esa tanga inolvidable. Con la mano entera le agarró la cadera y la apretó contra sí, sabiendo que ella lo disfrutaba porque empezó a subir su pierna en tono de invitación. Obviamente Andrés bajó la mano, acariciando esa pierna celestial. No lo podía creer; era mejor de lo que se imaginó desde que la conoció, unos 142 minutos atrás.

Siguió bajando despacio hasta que sintió el final de la falda delgadita y el calor de la pierna, de la piel suave pero firme. Esa mujer debía practicar algún deporte, tenía que ser así. A estas alturas Andrés ya no pensaba; aunque el corazón bombeaba muy fuerte, la sangre no le subía al cerebro, así que sin pensarlo dos veces metió la mano bajo la faldita de Catherine y subió por esa cadera perfecta hasta la esperada tanga.

– Mire, yo le puedo hablar cuatro horas seguidas de lo mucho que me gustó esa vieja, de lo buena que estaba, puedo usar todas las palabras que me sé, y no me va a alcanzar para contarle lo que vi. Esa cola redonda, suave, perfecta. Esa vieja se movía como los dioses. Era una vaina loca.

– No, no. No me diga que me da envidia y usted me cae bien. Más bien cuente, ¿se comieron los dulces? ¿compartieron lonchera?

– Jajajaja. Marica, no me lo va a creer.

– ¿QUÉÉÉÉÉÉ? ¿LOS PILLARON? ¿SUBIÓ ALGÚN MESERO Y LOS AGARRÓ CON LAS MANOS EN SUS MASAS?

– Nombe, jajaja. Pues… eso hasta habría sido rico por la adrenalina, pero la verdad fue que le entró una llamada al celular a Catherine.

– Noooooopuedeserrrrrrrr. ¿Cómo así? ¿Y ella contestó? No puede ser tan mugre en la vida.

Marmotazos-kissCuando timbró el teléfono Andrés no pudo evitar asustarse. Rápidamente ella silenció el celular y lo puso en vibrador. Cathe se rió nerviosa, justo en el oído de él, cosa que lo enloqueció aún más y siguió en lo suyo, mordisqueando cuello y hombros. El celular suena de nuevo. Bueno, vibró. “¿No vas a contestar?” Le susurró él entre besos. “No, no importa Andrés. El mundo no se acaba si me pierdo diez minutos”. El celular vibró por tercera vez, así que Cathe lo mira de reojo.

– ¡Mierda!

– ¿Qué pasó?

– ¡Es mi papá!

– ¡Mierda! ¿Y entonces?

– Me tocó bajar a buscarlo. Algo me le invento.

La única persona en el mundo a la que Cathe no se le podía perder diez minutos era al papá. Así que tuvo que parar. Se arregló un poco el pelo, se acomodó la falda, miró a Andrés con cara de “malditaseanomequieroir”, le tomó la cara con ambas manos, lo besó muy fuerte y le dijo “Me voy. Hablamos ahorita”

– ¿¿¿ YYYYY ??? ¿QUÉ? ¿Se quedó ud ahí solo como un imbécil?

– Pues sí. Igual no podía bajar inmediatamente. Tenía toda la sangre en un solo lugar y se me notaba. Si bajo así no me habrían mirado a la cara. Además necesitaba recuperar el ritmo cardiaco, arreglarme la corbata, acomodarme el pantalón…  Estuve ahí como tres minutos respirando hondo.

Cuando Andrés bajó al primer piso tenía cara de ponqué con helado. Estaba que no cabía de la felicidad. No importaba que lo hubieran dejado ensayado, sobretodo porque no había sido adrede. Como suelen hacer ustedes, malévolas mujeres, que saben que nos manejan con un dedo. Él siguió para el salón, como si nada, se sentó en la mesa, como si nada, y se tomó un whisky a fondo blanco, como si hubiese acabado de correr la media maratón y necesitara todo el líquido del planeta. Recorrió el lugar con la mirada, buscando a Catherine. Adriana ya no existía en el mundo de Andrés (lo que pueden hacer diez minutos bien aprovechados).

Tras un rato Andrés empezó a preocuparse, Catherine no aparecía por ningún lado. Ni bailando, ni hablando con algún tío borracho ni las tías rumberas. No la veía por ningún lado. Si no la encontraba, no la volvía a ver. Tampoco le quedaba fácil averiguar cuándo se regresaba para Cali; ni modos de preguntarle a Adriana. Se tomó otro sorbo de whisky y se levantó a buscarla. Salió del salón, miró en el corredor, buscó en el sofá junto al lobby. La buscó en el armario, en el abecedario, debajo del carro, en el negro, en el blanco. Ya resignado se fue al parqueadero; no quería entrar al salón, que ya le parecía vacío sin Cathe. Sin ella ya no había motivación ni diversión. Ni ver a los tíos guapachosos haciendo el trencito al ritmo del ilari-lari-e le llamaba la atención. En el parqueadero, caminando y pateando piedritas, escuchó un “Andrés” con voz dulce (y sí, también sensual). Volteó a mirar con brillo en los ojos y la vio ahí, despampanante y ansiosa.

– Andresito, ¡anota rápido mi celular, que ya me voy! -le dijo ella afanada.

– ¿Cómo así que te vas?

– Mi papá se puso bravo porque no aparecía. Le dije que se me quedó el bolso en el salón y me vine a buscarte, pero no me puedo demorar. Dale, anota rápido. Es 315 218… [para proteger la privacidad de Catherine, el equipo de “Le pasó a un amigo” decidió ocultar el teléfono. Sabrán entender].

– Listo, ya te marco.

– Dale, dale. Además, tienes que acabar lo que empezaste. Y se fue corriendo por donde vino.

Andrés sintió morir, de nuevo. ¿Qué era toda esa emoción tan amarilla? No sabía qué iba a pasar con Catherine. No sabía si sería el amor de su vida, no sabía si se verían muy seguido. Casi nada sabía. Pero lo que sí sabía es que la volvería a ver. A terminar lo que empezó.

@OmarGamboa


En este momento son las 7:40 de la noche del viernes. No publiqué el jueves, como pretendía. Les dejo la historia ahí porque si no no la termino nunca y no quiero que me regañen por demorado. ¿Que si Andrés y Cathe se volvieron a ver? Sí. Esa parte se las quedo debiendo.

YopalMañana sábado viajo a Yopal, en donde estaré hablando sobre Marketing de Contenidos, gracias a la invitación de Los Marketeros. Por allá los espero. Si alguno llega, por favor me dicen y les doy refrigerio y dos chocobreak.

Como siempre, les comparto la historia anónima de la semana. Esta se llama “Ciertas cosas extremas” y habla sobre intercambio de parejas y bar swinger. Ahí les dejo esa inquietud, jajajaja. Muchas gracias a Lina y Dani, las editoras y correctoras del Blog Soy Anónimo, por su impecable trabajo.

Gracias a todos por leer, por comentar. Me río mucho con sus comentarios, ustedes son muy cómicos. Y ya era hora de publicar una nueva historia de Andrés.

Nos leemos la próxima semana, ojalá el jueves. Como no ando tan juicioso para publicar, les recomiendo que se suscriban y así les llega un correo electrónico cada vez que yo publico. Así es mejor, créanme. Solo es que presionen el botón “Seguir a este blog +” que encuentran al comienzo y no se pierden ni una entrada.

¡Chau!


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Acá les recomiendo algunas entradas anteriores: “Le pasó a un amigo: La cocinera“, “Como en toda familia“, “¿Me trae un encarguito?“.


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